UNA PICADURA DE ABEJA DUELE, Y MUCHO…

Provoca dolor, inflamación, escozor e, incluso, puede haber casos en que se produzca un choque anafilàctico. A diferencia otros venenos, el de la abeja no mata, pero ante este panorama el primero que nos viene a la cabeza es que vale más no probarlo. Este pensamiento hace falta relativitzarlo ante los resultados de la investigación de investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona (IRB), que han encontrado que un péptido de este y otros venenos es el vehículo perfecto para conseguir que los fármacos traspasen barreras de nuestro cuerpo impenetrables, como por ejemplo la barrera hematoencefàlica, la que hace que difícilmente las sustancias que se encuentran a la sangre pasen al cerebro. “La barrera hematoencefàlica existe para proteger el cerebro, pero no es infranqueable al cien por ciento”, explica Meritxell Teixidó, responsable del grupo de investigación del IRB que investiga con el veneno de la abeja, del escorpión y las arañas. La barrera hematoencefàlica está formada por un entramado de capilares que si se pusieran uno tras otro harían 600 kilómetros. Es el muro que protege el cerebro de virus, microbios y otros ataques. Esta barrera sólo tiene algunas puertas escondidas, muy escondidas, como si estuvieran flanqueadas por exigentes vigilantes que tan sólo permiten que pasen los nutrientes que nuestro cerebro requiere para funcionar y algunas sustancias, muy pocas, como los venenos, que consiguen encontrar la puerta secreta y engañar los guardianes. Cómo? Los investigadores del IRB han detectado un habilidoso péptido que se encuentra en la apitoxina, que es como se denomina el veneno de las abejas. Cómo si tuviera una clave mágica, este péptido, el apamina, consigue traspasar la barrera. También se sabe que el apamina puede tener propiedades analgèsicas y se ha utilizado como terapia alternativa para el reumatismo.

 

Científicos del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona (IRB) imitan el veneno de las abejas, los escorpiones y las arañas para obtener fármacos más efectivos para tratar el cerebro.

 

 

picadura_de_abejaLos venenos, a diferencia otras sustancias, son capaces de traspasar la exigente barrera que protege el cerebro de agentes externos como por ejemplo microbios, virus y otros sustancias.

 

COMO UN TRACTOR

Los científicos denominan estos péptidos lanzadoras peptídicas. “Son como cohetes, moléculas que saben atravesar las barreras y que hacen de tractor para arrastrar otros que, por sí solas, no las podrían atravesar”, explica Teixidó, que colabora en un proyecto con Joan Seoane, investigador del Instituto de Oncología del Hospital Vall de Hebrón, con el cual han visto que este péptido del veneno de la abeja puede transportar anticuerpos para tratar el glioblastoma, un tumor maligno que afecta el cerebro. Las moléculas que han encontrado los investigadores de Vall de Hebrón pueden destruir las células malignas en cultivos, pero no hay manera que traspasen la barrera para llegar al cerebro.

Hay un catálogo a disposición de todos los científicos de péptidos lanzadoras, descubiertos por diferentes procedimientos. Ahora bien, el grupo del IRB es el primero en el mundo que pensó de buscar en los venenos. Su hallazgo forma parte de este catálogo. “Sabíamos que la mayoría de venenos actúan sobre el sistema nervioso y que algunos conseguían traspasar la barrera hematoencefàlica sin destruirla”, puntualiza la investigadora. Una condición necesaria, puesto que si no fuera así, el cerebro quedaría desprotegido y el remedio provocaría otros males. “A las horas nos pusimos a buscar análogos que se asemejaran bastante, que mantuvieran esta capacidad de atravesar la barrera sin la toxicidad del veneno”, explica Teixidó.

 

 

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El grupo del IRB también colabora con la Asociación de Pacientes de Ataxia de Friedreich, una enfermedad hereditaria que afecta el sistema nervioso y provoca otras alteraciones, como diabetes, problemas al corazón y a los huesos. Este pacientes te-niño niveles muy bajos de una proteína, la frataxina. Hay medicamentos que pueden restablecer los niveles de esta proteína a algunas partes del cuerpo afectadas, pero no hay cabeza con este efecto que sea capaz de traspasar la barrera hematoencefàlica. El grupo del IRB ha aportado estos péptidos a un proyecto de terapia génica. Han decorado un virus de herpes con los péptidos sintetizados a partir del veneno de la abeja. Le sirven de camuflaje para traspasar la barrera. El virus transporta un gen que codifica la proteína que no funciona y que se introduce dentro de las células del cerebro afectado, es decir, se incorpora al material genético.

Otra de las propiedades de estos péptidos sintetizados inspirados en venenos es que tardan en degradarse. El problema de muchas de estas partículas es que el cuerpo las degrada en menos de 15 minutos, circunstancia que hace que no puedan ser candidatos válidos, puesto que el fármaco que se derivaría habría que tomarlo demasiado a menudo. Los péptidos obtenidos por los venenos, pero, son mucho más resistentes, con una vida de 24 horas, cosa que quiere decir que con una píldora al día ya habría basta. “La naturaleza es sabia, por eso los venenos son más resistentes”, afirma Teixidó.

El grupo del IRB está investigando otros venenos para encontrar nuevos vehículos. “en veneno de la abeja ya sabíamos que tenía la apamina, pero ahora estamos analizando otros venenos para encontrar péptidos que nos puedan interesar”, explica la investigadora. Han encontrado en el veneno del escorpión y también en el de una araña del Brasil. Con ellos colaboran otros grupos de investigación de todo el mundo que envían los venenos liofilizados.

 

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El cuerpo tiene otras barreras para proteger sus órganos que los medicamentos tampoco pueden traspasar. Hay la barrera intestinal, que hace que no todo el que comemos pase al cabo de la calle sanguíneo. El IRB participa en el proyecto europeo TRANSINT, que tiene el objetivo que los péptidos descubiertos en venenos transporten insulina. “Queremos una insulina oral”, explica Teixidó.

Pero las enfermedades del sistema nervioso central son las principales candidatas para estos tipos de fármacos. “Entre un 20% y un 25% de la población necesita algún medicamento a lo largo de su vida para tratar alguna enfermedad de este tipo”, afirma Teixidó. Pueden ser útiles para tratar la esquizofrenia, Alzheimer asi como las más extensas y comunes, la depresión y la angustia. Muy pocos medicamentos son capaces de traspasar la barrera que los permitiría entrar al cerebro, y los que lo pueden hacer tienen limitaciones. “Tradicionalmente se ha ido a moléculas pequeñas porque pasan la barrera, pero provocan muchos efectos secundarios porque, además, en el caso de la depresión, como que pasa poco fármaco hace falta administrar mucho y, por lo tanto, el rendimiento entre eficacia y efectos secundarios es más bajo”, dice Teixidó. Las moléculas que en un futuro se muestren efectivas para tratar Alzheimer también serían candidatas para utilizar estos vehículos. Todo ello sería útil si se encuentra como se tiene que actuar antes de que aparezcan los daños. De hecho, la enfermedad afecta también la barrera, la destruye. Sin barrera no hay obstáculo, pero entonces el fármaco no es efectivo.

 

Veneno de Abeja y escorpión para hacer medicamentos
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